
El último post que colgué en el recovero, el de la Barcelona libertaria, suscitó preocupaciones y dudas. ¿Qué quería decir con él? ¿Estaba a favor de la contracultura o de la acción violenta? ¿Me gustan las sardinas a la brasa?
Bien, en realidad la intención era muy simple: poner en evidencia los desafueros que las autoridades, también las socialdemócratas, se permiten en lo que se refiere al espacio que gestionan. Aquí, en realidad, el problema no es el mercado. Aunque éste no se puede decir que haya sido respetuoso con las costas, ni los interiores, de España. El problema arranca de la autonomía, diría que de tipo casi foral, de la que goza la autoridad portuaria. Autonomía que le permite levantar una torre junto al mar, alterar el perfil de la ciudad y no dar explicaciones a nadie.
Es muy posible que me moviera a colgar el vídeo la empatía.
En Sevilla vivimos una circunstancia similar. Andan haciendo los cimientos de una torre que se conocerá como Pelli por el arquitecto que la ha diseñado y que romperá la coherencia y el equilibrio visual de una ciudad llana. Detrás de la iniciativa está una caja de ahorros. Como todas las cajas de ahorros, ésta es un instrumento del poder político. Decir Poder en Sevilla, y en Andalucía, es decir PSOE -lo siento, amigos valencianos, pero aquí la cosa va justo al revés. Por lo tanto ha tenido que ser una política conservadora, Soledad Becerril, la que se pregunte en voz alta si ésa es la función que se espera de las obras sociales de las cajas, la de erigir rascacielos. Por lo demás, la susodicha torre está siendo objeto de atención por parte de la
UNESCO. No sé si saben que Sevilla -en concreto el espacio conformado por la Catedral, los Reales Alcázares, el Archivo de Indias y el resto del centro histórico- fue declarada Patrimonio de la Humanidad por dicha organización.
Por si acaso, para 2010, cuando la UNESCO se pronuncie sobre el caso, los cimientos ya estarán puestos.
No creo mucho en estos títulos -me refiero al de Patrimonio de la Humanidad. Por el contrario, sé que las ciudades cambian y que eso suele ser bueno. Pero, qué quieren que les diga, el
trágala entonado por los munícipes o por los gerentes de las administraciones portuarias me parece del todo punto inadecuado. Aquí, en Sevilla, y también en Barcelona. He dicho.
Fotomontaje, en ABC, del efecto visual. Para que se vayan haciendo a la idea: